Publicado el mayo 20, 2024

La confusión entre las exigencias de la DGT y las obligaciones de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) expone a los repartidores a sanciones económicas y, peor aún, a una protección deficiente.

  • El equipamiento debe tener certificaciones específicas para motociclistas (p. ej., EN 13594 para guantes), no basta con una homologación genérica de trabajo.
  • La «Ley Rider» establece que los repartidores de plataforma son asalariados, por lo que la empresa debe proporcionar los EPIs. Los autónomos reales pueden deducirse el 100% del IVA.

Recomendación: Audita tu equipo actual para verificar que cumple con las normativas de protección para motociclistas, no solo con los mínimos exigidos para circular. La seguridad laboral prevalece.

Para un repartidor profesional que pasa su jornada sobre dos ruedas, la pregunta sobre el equipamiento obligatorio parece tener una respuesta sencilla: casco y guantes. Sin embargo, esta visión es peligrosamente incompleta. La realidad legal y de seguridad para un trabajador de reparto en España es un cruce complejo entre la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, gestionada por la DGT, y la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), que protege al trabajador. Confundir ambas es un error común con graves consecuencias.

Muchos riders creen que con un casco homologado y cualquier par de guantes con marcado CE es suficiente. La platitud general es «mientras estés protegido, vale». Pero, ¿protegido para qué? ¿Para una caída en asfalto a 50 km/h o para manipular una caja en un almacén? Aquí radica la diferencia fundamental que este análisis aborda. No es lo mismo un guante de trabajo (norma EN 388) que uno de protección para motociclista (norma EN 13594). La resistencia a la abrasión, la protección de los nudillos y la ergonomía para el manillar son factores que solo la normativa específica de moto contempla.

El ángulo director de esta guía es claro: para un repartidor profesional, cumplir la ley no es solo llevar equipo homologado, es saber distinguir la protección laboral (LPRL) de la de seguridad vial. Esta diferencia crucial impacta directamente en su seguridad física, su bolsillo a través de la fiscalidad, y su responsabilidad legal en caso de accidente «in itinere» o en misión. Este no es un artículo más sobre qué casco comprar; es una hoja de ruta técnica para profesionalizar tu seguridad y cumplir con todas las facetas de la ley.

A lo largo de las siguientes secciones, desglosaremos cada pieza del equipo desde esta doble perspectiva, analizaremos las implicaciones fiscales para los autónomos, los riesgos urbanos específicos y las consecuencias de un accidente con el equipo inadecuado, para que tu única preocupación sea entregar el pedido a tiempo y de una pieza.

¿Cómo distinguir un guante de trabajo de un guante de protección para motociclistas certificado?

La obligatoriedad de los guantes para motoristas es un hecho, pero para un profesional del reparto, el diablo está en los detalles de la homologación. No todos los guantes con una etiqueta «CE» son válidos o seguros para el trabajo diario en moto. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) obliga al empresario a proporcionar EPIs adecuados al riesgo, y para un repartidor, el principal riesgo es una caída sobre asfalto. Por ello, un guante de jardinería o de obra, aunque tenga certificación CE para riesgos mecánicos (norma EN 388), es completamente inútil y no cumple con la LPRL en este contexto.

El guante correcto debe estar certificado bajo la norma específica para motociclistas: EN 13594. Esta norma garantiza que el guante ha superado pruebas de resistencia a la abrasión, desgarro y protección de los nudillos (marcado «KP»), diseñadas para un impacto a alta velocidad. La DGT se alinea con esta exigencia, y de hecho, a partir de 2025, no llevar guantes homologados puede suponer una multa de hasta 200 € y la retirada de 2 puntos del carnet. Es un doble frente legal: sanción de tráfico y posible incumplimiento de la normativa laboral.

Como aclara ASEPAL, al margen de las leyes de circulación, todos los trabajadores que desarrollan su jornada laboral en moto están expuestos al riesgo y la LPRL obliga al empresario a entregar los EPIs correspondientes. Para un repartidor, esto significa que el guante debe ser, sin excepción, un EPI de categoría II certificado bajo la EN 13594. Aprender a verificarlo es una habilidad fundamental.

Plan de acción: Verificar la homologación EN 13594 en un guante

  1. Buscar el pictograma: Localiza la etiqueta interior del guante y busca el símbolo de un motorista.
  2. Identificar el nivel de protección: Justo al lado del pictograma, debe indicar el nivel: «1» (protección básica) o «2» (protección alta, más recomendable). A menudo se añade «KP» si tiene protección de nudillos probada.
  3. Confirmar la norma: Debajo de los símbolos, debe aparecer explícitamente el texto «EN 13594» seguido del año de la versión (ej. EN 13594:2015).
  4. Diferenciar de otras normas: Asegúrate de no confundirlo con la «EN 388», que solo certifica guantes para riesgos mecánicos generales (trabajo industrial, bricolaje) y no ofrece protección contra la abrasión del asfalto.
  5. Revisar la documentación: El guante debe venir con un folleto informativo del fabricante que detalle sus niveles de rendimiento y certificaciones.

Botas de moto urbanas: ¿existen opciones seguras que no parezcan de Robocop para trabajar?

El calzado es uno de los grandes olvidados en el equipamiento del repartidor. Muchos optan por zapatillas deportivas o botas de trabajo genéricas por comodidad al caminar durante las entregas. Sin embargo, esto supone un grave riesgo. El tobillo es una de las zonas más vulnerables en una caída, y ni el calzado de calle ni la mayoría de botas de seguridad industrial (norma EN ISO 20345) ofrecen la protección contra la torsión y la abrasión necesarias en un accidente de moto. La puntera de acero protege contra la caída de un objeto, no contra el arrastre por el asfalto.

La solución se encuentra en las botas certificadas bajo la norma EN 13634, específica para calzado de protección para motociclistas. Afortunadamente, el mercado ha evolucionado y hoy existen multitud de opciones de «botas urbanas» o zapatillas de moto que parecen calzado casual pero integran protecciones rígidas en tobillos, talón y puntera, además de suelas antideslizantes y materiales resistentes a la abrasión. Son la síntesis perfecta entre la seguridad de la LPRL y la practicidad que exige el trabajo de reparto.

Este tipo de calzado es una inversión en seguridad que la mutua valorará positivamente en caso de accidente laboral. Demuestra una diligencia por parte del trabajador (o de la empresa que lo proporciona) a la hora de mitigar los riesgos inherentes a la profesión. La clave es buscar el equilibrio entre protección certificada y la comodidad necesaria para subir y bajar de la moto y caminar decenas de veces al día.

Detalle macro de botas de moto urbanas con protecciones visibles en tobillo

Como se aprecia en la imagen, estas botas integran refuerzos en las zonas críticas sin sacrificar un diseño discreto. La diferencia en seguridad y cumplimiento normativo respecto a una bota de trabajo convencional es abismal, como demuestra la siguiente comparativa.

Este análisis práctico subraya por qué la elección del calzado no debe tomarse a la ligera. Según un análisis de EPIs para la restauración moderna, la especificidad del equipo es clave.

Índice de practicidad para riders: Botas certificadas vs industriales
Característica Botas EN 13634 (Moto) Botas EN ISO 20345 (Trabajo) Puntuación Rider
Protección tobillo/torsión Específica para caídas Mínima/inexistente ⭐⭐⭐⭐⭐
Resistencia abrasión Alta (específica asfalto) Media (uso industrial) ⭐⭐⭐⭐
Tiempo poner/quitar 45-60 segundos 30-40 segundos ⭐⭐⭐
Flexibilidad caminar Media-Alta Baja (puntera acero) ⭐⭐⭐⭐
Precio medio 120-250€ 60-150€ ⭐⭐

¿Qué parte de tu equipamiento de moto puedes desgravarte si eres autónomo?

Para un repartidor autónomo, cada euro cuenta. La inversión en un buen Equipo de Protección Individual (EPI) no solo es una cuestión de seguridad, sino también una optimización fiscal. La normativa de Hacienda es clara: cualquier gasto afecto a la actividad económica es deducible. Dado que la moto es la herramienta de trabajo principal, todo el equipamiento de protección es considerado un gasto necesario y, por tanto, desgravable tanto en el IVA como en el IRPF.

Es fundamental, sin embargo, hacer una distinción importante. Como señala ASEPAL en un documento sobre la materia, «El Real Decreto Ley 6/2021, la denominada ‘Ley de riders’ aclara que los repartidores que trabajan para plataformas digitales son asalariados, y no autónomos». En ese caso, es la empresa la que tiene la obligación legal de proporcionar y costear todos los EPIs. La siguiente información sobre desgravación fiscal aplica exclusivamente a los repartidores que son verdaderamente autónomos, es decir, que gestionan sus propios clientes y no dependen de una única plataforma que organice su trabajo.

Para estos profesionales, es crucial guardar todas las facturas a su nombre donde se especifique claramente el artículo comprado. El 100% del IVA de estos productos es deducible trimestralmente. En cuanto al IRPF, el equipamiento se considera un bien de inversión que se amortiza a lo largo de varios años, según las tablas oficiales de la Agencia Tributaria. A continuación, se detalla una guía práctica.

La correcta justificación de estos gastos es clave. Según fuentes especializadas en protección laboral, la afectación a la actividad es indiscutible.

Desgravación fiscal de EPIs para autónomos riders
Equipamiento % Deducible IVA Amortización IRPF Justificación fiscal
Casco homologado 100% 100% anual Obligatorio por ley
Guantes EN 13594 100% 100% anual Obligatorio desde 2025
Chaqueta con protecciones 100% 33% anual (3 años) Seguridad laboral LPRL
Pantalón técnico 100% 33% anual (3 años) Prevención riesgos
Botas certificadas 100% 50% anual (2 años) EPI necesario
Airbag/chaleco 100% 25% anual (4 años) Protección adicional

El problema de tener un accidente «in itinere» sin llevar el equipo adecuado

Para un trabajador convencional, un accidente «in itinere» es el que ocurre en el trayecto de casa al trabajo o viceversa. Para un repartidor en moto, la línea es difusa: su trabajo es un «itinere» constante. Un accidente durante la jornada es, sin duda, un accidente laboral. Aquí es donde la correcta utilización de los EPIs se vuelve crítica, no solo para la integridad física, sino para la cobertura legal y de la mutua de accidentes de trabajo.

Si un repartidor sufre un accidente y se determina que no llevaba el equipo de protección adecuado (o que el que llevaba no era el específico para moto), pueden surgir complicaciones. La mutua podría argumentar una «imprudencia temeraria» por parte del trabajador, aunque es un extremo difícil de probar si la empresa no ha cumplido con su deber de formación e información. Lo más probable es que se abra una investigación para depurar responsabilidades. Si el repartidor es asalariado, la responsabilidad principal recaerá sobre la empresa por no haber garantizado el uso de los EPIs correctos.

El contexto de precariedad a menudo agrava esta situación. La presión por cumplir tiempos y el estado de los vehículos pueden llevar a tomar atajos en seguridad. Como se recoge en informes de sindicatos como CCOO, la situación es preocupante: «El problema al que se enfrentan los trabajadores es el mantenimiento de los vehículos. Un joven de 25 años que trabaja en un Burger King de Madrid explica: ‘Cada día te preguntas qué moto te va tocar. Si estará o no en condiciones’. Como no hay normativa específica que cumplir ni control sobre el mantenimiento del parque móvil, la seguridad está en manos de la buena voluntad de la gerencia».

En este escenario, llevar un equipo de protección personal completo y adecuado se convierte en la última línea de defensa del propio trabajador. En caso de accidente, haber actuado con la máxima diligencia personal (usando casco, guantes, chaqueta con protecciones, botas y pantalón adecuados) refuerza enormemente la posición del trabajador frente a la empresa y la mutua, asegurando que se reconozca el accidente como laboral sin atenuantes y se reciba la prestación correspondiente.

Chaleco reflectante o ropa de alta visibilidad: ¿qué es más efectivo para ser visto 8 horas al día?

Ser visto es tan importante como protegerse de un impacto. Para un repartidor, que circula entre el tráfico denso y en condiciones de luz cambiantes durante horas, la visibilidad es un pilar de la seguridad activa. La opción más común es el chaleco reflectante amarillo que se lleva sobre la ropa. Es una solución barata y cumple el mínimo, pero ¿es la más efectiva para un profesional?

La respuesta, desde un punto de vista de la prevención de riesgos laborales, es no. La ropa de alta visibilidad se rige por la norma EN ISO 20471, que clasifica las prendas en tres clases según la superficie mínima de material fluorescente (para ser visto de día) y retrorreflectante (para ser visto de noche). Un simple chaleco suele ser de Clase 1, adecuado para trabajar en un parking o en zonas con tráfico a menos de 30 km/h. Para un repartidor urbano, que se mueve a velocidades de hasta 60 km/h, lo mínimo recomendable es la Clase 2.

La solución más profesional y segura es una chaqueta de moto que ya integre los elementos de alta visibilidad. Estas prendas están diseñadas para cumplir con la Clase 2 o incluso 3, garantizando una visibilidad 360º y en cualquier condición, a la vez que incorporan las protecciones de impacto (hombros, codos, espalda) certificadas. Esto elimina la necesidad de llevar dos capas (chaqueta + chaleco), mejora la comodidad y asegura que la protección sea integral y siempre esté puesta.

Comparación visual de repartidor con chaleco reflectante versus chaqueta con elementos integrados

La diferencia visual es evidente. Una chaqueta con alta visibilidad integrada ofrece una superficie de color fluorescente y bandas reflectantes en torso, espalda y brazos, creando una silueta humana mucho más reconocible para los conductores. Es la opción preferida por servicios de emergencia y profesionales de carretera, y debería ser el estándar en el sector del reparto. Según expertos en protección laboral para riders, la elección de la clase correcta es crucial.

  • Clase 1: Nivel mínimo de visibilidad. Inadecuado para la mayoría de repartidores urbanos.
  • Clase 2: Nivel intermedio. Recomendado para trabajo en vías con tráfico de hasta 60 km/h y condiciones de visibilidad reducida. Es el estándar adecuado para el reparto urbano.
  • Clase 3: Máximo nivel de visibilidad. Obligatorio para trabajos en autopistas, autovías o aeropuertos. Ofrece la mayor seguridad en condiciones extremas.

El error de confiar solo en el bloqueo de dirección durante un recado de 5 minutos

La seguridad del repartidor no termina con la protección personal; la seguridad de su herramienta de trabajo, la moto, es otro frente de riesgo constante. El robo de motocicletas en las grandes ciudades españolas es una epidemia, y los repartidores, por la naturaleza de su trabajo (paradas cortas, frecuentes y en múltiples ubicaciones), son un objetivo principal. Confiar únicamente en el bloqueo de dirección, incluso para una entrega que «solo tomará un minuto», es un error que puede costar muy caro.

Los ladrones profesionales pueden forzar un bloqueo de dirección en cuestión de segundos. Las estadísticas son alarmantes: según datos de compañías aseguradoras, Barcelona lidera con más de 3.200 robos al año, Madrid registra más de 2.000 y Valencia supera los 1.500. Un modelo concreto, la Honda SH 125 «Scoopy», es la reina indiscutible de las estadísticas de robo, precisamente por ser la más utilizada en el sector del reparto. En Barcelona, por ejemplo, donde casi un tercio de los vehículos son motos, se llega a la increíble cifra de un hurto de moto cada tres horas y media.

La estrategia correcta implica aplicar un sistema de seguridad escalonado, adaptado al tiempo de la parada y al nivel de riesgo de la zona. Un simple candado de disco con alarma, que cuesta poco y se pone en 10 segundos, es un disuasivo sonoro y visual mucho más eficaz que el simple bloqueo. Para paradas más largas o en zonas de alto riesgo, anclar la moto con una cadena a un punto fijo del mobiliario urbano es la única garantía real.

La siguiente matriz ofrece un plan de acción claro para minimizar el riesgo de robo durante la jornada laboral, basado en una evaluación de riesgo-tiempo.

Matriz de seguridad para paradas de repartidores
Tiempo parada Zona comercial vigilada Zona residencial Zona aislada/noche
30 segundos Solo bloqueo dirección Bloqueo + visual constante No recomendado
2 minutos Bloqueo + disco alarma Bloqueo + disco alarma Cadena a punto fijo
5 minutos Bloqueo + disco alarma Cadena a punto fijo Buscar alternativa segura
10+ minutos Cadena + disco alarma Cadena + disco + GPS activo Parking vigilado obligatorio

Manta térmica o pantalones de lluvia: ¿qué es más práctico para trayectos de 15 minutos?

El clima es otro de los adversarios diarios de un repartidor. Mantenerse seco y a una temperatura corporal estable no es solo una cuestión de confort, sino de seguridad. El frío entumece los músculos y reduce los reflejos, mientras que la humedad puede provocar hipotermia y distracciones peligrosas. Las dos soluciones más comunes para proteger las piernas son la manta térmica (o cubrepiernas) fijada a la moto, y los pantalones de lluvia.

La elección entre una y otra depende fundamentalmente del tipo de jornada laboral. La manta térmica es imbatible en practicidad para el reparto urbano de «última milla», caracterizado por trayectos muy cortos y paradas constantes. Permite subir y bajar de la moto rápidamente sin tener que ponerse o quitarse nada. Sin embargo, su protección contra la lluvia intensa es limitada (el agua puede entrar por los lados) y, más importante, puede suponer un riesgo de atrapamiento de los pies en caso de caída, dificultando la separación del conductor y la moto.

Por otro lado, los pantalones de lluvia ofrecen una protección total contra el agua y el viento, y no interfieren con la seguridad en caso de accidente. Su principal inconveniente es el tiempo necesario para ponerlos y quitarlos, especialmente si hay que descalzarse. Una solución intermedia y muy recomendable para los repartidores es el sobre-pantalón con cremalleras laterales completas. Permite ponérselo y quitárselo en segundos sin necesidad de quitarse las botas, combinando la protección del pantalón con una practicidad muy superior.

La siguiente tabla, basada en el análisis del uso práctico para repartidores, ayuda a tomar la decisión más inteligente según las necesidades de cada profesional.

Decisión según uso tipo repartidor: Manta vs Pantalón
Factor Manta térmica Pantalón lluvia Sobre-pantalón cremallera lateral
Tiempo colocación 15 segundos 60-90 seg (quitar botas) 30 segundos
Paradas frecuentes (<5 min) Óptimo Impráctico Bueno
Trayectos largos (>15 min) Regular Óptimo Óptimo
Protección lluvia intensa Media Excelente Excelente
Movilidad al caminar Limitada Excelente Excelente
Seguridad en caída Riesgo atrapamiento Seguro Seguro
Precio medio 30-80€ 40-100€ 60-150€

A retenir

  • La protección de un repartidor se rige por la Ley de Tráfico y la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), siendo esta última más exigente.
  • El equipamiento (guantes, botas, chaqueta) debe tener homologaciones específicas para moto (EN 13594, EN 13634) que garantizan protección contra la abrasión.
  • Los autónomos pueden deducir el 100% del IVA y amortizar en el IRPF la compra de todo el equipamiento de protección, al ser un gasto afecto a la actividad.

Tapas de alcantarilla, rejillas de metro y pintura: el mapa mental de riesgos urbanos

Más allá de las colisiones, el entorno urbano presenta una serie de «micro-riesgos» que todo repartidor debe tener interiorizados en su mapa mental. Son las trampas del asfalto: superficies metálicas, pintura deslizante y particularidades del pavimento que, especialmente en condiciones de lluvia, pueden provocar una caída en una fracción de segundo. La presión por cumplir los tiempos de entrega a menudo genera una «visión de túnel» que impide prestarles la atención que merecen.

Como describe un informe de la Junta de Andalucía sobre el sector, «Los riders recorren kilómetros cada día, expuestos a condiciones climáticas extremas, riesgos de tráfico y una presión constante por cumplir tiempos de entrega. Su vínculo laboral camuflado como falsos autónomos dificulta su acceso a protección real en PRL. Nos encontramos con un colectivo marcado por la precariedad y un modelo algorítmico que impone ritmos«. Esta presión es el principal enemigo de la conducción preventiva.

Anticiparse a estos peligros es una habilidad que se entrena. Cada ciudad tiene sus propios puntos negros. Un repartidor profesional debe conocerlos y adaptar su conducción, reduciendo la velocidad y la inclinación al pasar sobre ellos. La anticipación es la mejor protección contra estas trampas invisibles.

Mapa de riesgos urbanos específicos por ciudades españolas

  • Barcelona: El famoso «trencadís» de sus aceras puede ser muy resbaladizo en mojado. Cuidado extra con las vías del tranvía en la Diagonal y la alta densidad de tapas de alcantarilla en el Eixample.
  • Madrid: Las placas metálicas provisionales de las obras son un clásico. El pavimento de granito pulido en zonas como Gran Vía y las rejillas de ventilación del Metro exigen máxima precaución.
  • Sevilla/Toledo: Los centros históricos con adoquines pulidos por el paso de los años son pistas de patinaje con la primera lluvia. Las pendientes pronunciadas agravan el riesgo.
  • Valencia/Bilbao: Las vías del tranvía, a menudo integradas en el asfalto, y la señalización horizontal (pasos de cebra, flechas) desgastada y con pintura de baja calidad son los principales peligros.
  • Zonas costeras (Málaga, Alicante): La arena que el viento deposita sobre el asfalto reduce drásticamente la adherencia, al igual que el salitre en la señalización metálica.

En definitiva, la seguridad de un repartidor no es una lista de la compra, es un sistema integral. Exige un equipamiento que cumpla la doble normativa de Tráfico y Riesgos Laborales, un protocolo de seguridad para el vehículo y, sobre todo, una mentalidad profesional que anticipe los riesgos del entorno. Evaluar y mejorar tu equipamiento actual bajo estos criterios no es un gasto, es la inversión más rentable que puedes hacer en tu propia seguridad y en la viabilidad de tu trabajo.

Escrito por Javier Ortiz, Abogado especializado en responsabilidad civil y seguridad vial, asesor de motoristas en reclamaciones de seguros y multas. Experto en homologaciones y legislación de tráfico en España y Europa.